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sábado, 3 de enero de 2015

| B A I L E M O S |

| Si la música es el sustento del amor, que siga sonando - Shakespeare |

| Dirty Dancing, 1987 |

Bailemos una canción de las de antes, aquellas en las que no había puntos y aparte. 
Bailemos juntos pero no quiero rozarte. 
Sentir que sigues ahí aunque haya muchos kilómetros que nos separen.

Bailemos una con un ritmo lento, que nos embriague por dentro. 
Emborrachándonos de la tensión del deseo que provoca un fuego. 
Un fuego que nos alimenta por dentro.

Bailemos una de rock, que ahuyente el temor.
El temor a quedarnos solos tú y yo. 
Enfrentándonos a una realidad que solo juntos podemos superar.

Bailemos una en medio del mar.
Bebiendo de nuestros besos de sal.
Desenterrando lo que un día fue,
y con la arena volverlo a esconder.

Bailemos aunque no suene nada de fondo.
Guiándonos por el corazón, el más sabio de todos.
Bailemos para dejar de temblar y recordarnos que jamás nos vamos a separar.





martes, 21 de octubre de 2014

| E U P H O R I A |

Esos ojos transparentes me volvieron a atravesar el alma. Un escalofrío me recorrió el cuerpo de arriba abajo haciendo que temblara. Busqué los bolsillos del pantalón sin bajar la mirada. Me intimidaba, pero no quería perder su mirada ni una sola vez. Ni una sola vez más.

Ya había pasado mucho tiempo sin verla. 

Aunque supiera que ahora todo estaba bien, no podía evitar ponerme nervioso. No quería decir ni una sola palabra o hacer ningún gesto. Ni siquiera mover un solo músculo de la cara. Solo pensar que podía volver a cagarla... ¿Pero por qué tenía que ser tan duro conmigo mismo? No necesitaba más que mirarla a ella, firme como una roca. Tan convencida de sí misma y de mí... De nosotros. Con esos ojos de hielo que me abrían sus días desprendiendo calor. Un calor que solo yo conocía y que hacía que la sangre me hirviese por dentro acelerando mi ritmo cardíaco.



Lo había imaginado tantas veces... Pero ahora era bien distinto a todas aquellas ilusiones. Mejor dicho, insuperable. Lo que llenaba de magia a este momento es que era | R  E  A  L |.

Estaba sucediendo.

Solo el hecho de pensarlo me hacía sentir que iba a explotar. Explotar a reír o a llorar. ¡Qué sé yo! Una de estas emociones que no te caben en el pecho. De esas en las que necesitas salir a gritar al espacio estelar porque el mundo te resulta demasiado pequeño. Cuántas noches había pasado dando vueltas en la cama, cuántas películas había visto soñando ser su almohada, cuántas cosas había querido contarle, cuántas más consultarle... Ella acababa de poner punto y final a todo aquello, como descorchando una botella de champán con ese sonido seco y hueco que marca el inicio de lo que va a empezar.

Ahí estaba ocurriendo. Uno de los momentos más importantes de mi vida y el mundo no se detenía a verlo. Y eso que me daba la sensación de que era imposible que mi euforia pasase desapercibida. Los motores de los coches seguían rugiendo, el viento sacudía nuestro pelo avisándonos de que no se paraba el tiempo. Unos iban de un lado al otro y a mí me costaba entender como es que no se paraban a ver lo nuestro: Dos personas, en medio del parque, entregándose con una mirada infinita. Una mirada que dejaba al margen las palabras. Una mirada cargada de emociones y sensaciones. Si alguien hubiese estado pendiente  de ella, habría podido fotografiarla retratando así el amor a la perfección. Y, aunque siguiese sorprendido al ver cómo lo que era tan importante para mí no lo era para otros, no me importó. Tenía justo delante lo único en lo que tenía que preocuparme pues era la garantía de mi más plena felicidad.



+Me produces contracciones ventriculares prematuras.
-¿Se supone que eso es bueno?
+Haces que se me acelere el corazón.
Sin compromiso, 2011




sábado, 6 de septiembre de 2014

CRUZANDO EL TÁMESIS

Sentía que estaba yendo a una primera cita. Patética sensación después de llevar tres años casados. Aunque en cierto sentido podría decirse que apenas le conocía, al menos no se parecía al hombre que le había enamorado. Ese fuego en su mirada por hacerle suya, esa sonrisa loca que solo ella entendía, esas caricias en la espalda cuando más lo necesitaba... Todo eso brillaba ahora por su ausencia. Solo pensar en ese momento, cuando horas antes le había propuesto seriamente ir a cenar juntos... Le daban escalofríos solo recordarlo. Él, con una sonrisa estúpida que no sabía a que idiota podía haber comprado, con esa incredulidad y sorpresa en sus ojos... Había tenido que contenerse para no darlo todo por perdido. 








+Te quiero Adam, Alex, Peter, Brian, cualquiera que sea tu nombre, te quiero. (Charada, 1963)

Parecía que si ella no decía nada, todo seguiría de lo más normal... Él, claro, lo tenía fácil, pues lo único que le ataba a la casa era la cama, pero no precisamente para hacer otra cosa además de dormir. Como diría su madre: "¿Te crees que esto es una pensión, o qué?". Echaba de menos sus consejos ahora, pero ya hacía un año que se había ido y tenía que contentarse con su propio reflejo en el espejo. Por muchas vueltas que le diese no llegaba a estar completamente segura de ninguna solución y entonces luego llegaba la fatídica pregunta de porqué la vida no vendrá con manual. Una pregunta que, a pesar de hacerse muy a menudo, sabía perfectamente cuál era la respuesta.

Y allí estaba ahora, caminando en medio de la noche. El sonido seco de sus tacones le recordaba que estaba sola. Su largo vestido negro se movía con el andar de sus caderas acompañado por la suave brisa que llegaba del río. Notaba cómo las piernas le temblaban aunque no precisamente por el frío, seguramente porque todavía no se había decidido en cómo empezar. Poco a poco, se iba acercando al embarcadero lleno de luces donde una silueta recortada en la sombra aguardaba...