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jueves, 25 de junio de 2015

• D E S P I E R T A M E •

Despiértame. El canto de las sirenas me tiene embriagado. Las fantasías han suplantado a las realidades que se han ido alejando. Me encuentro en una cápsula aislada del exterior. Yo mismo me he castigado sin comunicación. Y estás ahí, a mi lado. Mis problemas me han atado a un mástil que se hunde en lo más profundo del océano. Cada vez más frío, cada vez más oscurecido. Y busco a tientas tu mano para salir. Sé que sigues ahí. Atenta, observándome. Abrigándome con un manto de comprensión que va ahuyentando los males. Despiértame, que quiero vivir.

Las calles viven deprisa. Corren, sin mirar de lado a lado. Sin esperar el cambio de semáforo y se generan atascos. La gente se margina con los cascos, no quiere interrupciones y parece que tiene miedo a dejar la mente en blanco. No hay conversación en las aceras y las miradas se han ido apagando. Reina el caos.

La proximidad que había en el trato, se ha ido evaporando y abre paso a atrevidos “me gustas” en las redes sociales donde la timidez ya no está de moda. El rey es el selfie premeditado que muestra la sonrisa más ensayada. No hay apenas capturas de una buena carcajada. Parecemos más cercanos, pero estamos más distantes. Todos nos ocultamos bajo una máscara que pretende adaptarse.



El tiempo es como siempre uno de los bienes más preciados y valorados. Pero parece que no se aprovecha tanto como se espera. Dormir es un verbo que cuesta conjugar por lo que las horas siguientes no rinden demasiado. Parece Zombieland: terrazas de domingo con unas gafas de sol que tapan unos ojos resacosos en sintonía con una sudadera y unas zapatillas. Han exprimido tanto el momento que nos hemos quedado con un zumo demasiado aguado.

¿Por qué nos cuesta conformarnos con los pequeños placeres de la vida? ¿Es que han perdido su sabor? Escuchar el ruido del motor, el azote del viento en la cara, una buena conversación acompañada de una cerveza con patatas, remolonear junto a tu pareja bajo las sábanas… ¿Acaso esto ya no vale nada y nuestra felicidad se mide en el número de followers que tienes en Instagram?

Vivimos en una órbita que difiere con la realidad. Creemos que esa es nuestra vida, pero es nuestra vida la que se nos escapa corriendo sin avisar. La mayoría proclama a gritos un Carpe Diem que se queda divagando como una simple teoría. Estamos desconectados whatsappeando o grabando lo que estamos “viviendo”. Tenemos la capacidad de estar en 10 conversaciones, cuando solo una merece nuestro tiempo.

Y es curioso porque en el fondo todos queremos lo mismo: querer y ser queridos. Nos cuesta llevarlo a la práctica porque las instrucciones no son fáciles, la palabra sacrificio es el titular del manual y eso nos hace apartar la mirada. Hay cierto rechazo, pues se busca la comodidad de ese postureo que nos trata de engañar, haciéndonos creer que ahí está garantizada nuestra felicidad.

*    *    *

domingo, 7 de junio de 2015

• Lo que quiero contarte •

Y ahora quiero matar esa intermitencia. Quiero que esas ondas que suben y bajan sigan en una línea recta. Ascendente, siempre. Alimentada por la esperanza pero dosificada con una realidad que sabe que hay bajadas, pero ninguna que caiga en picado. Que tú y yo nos levantamos.

Nos levantamos aunque piensen que no. Nos levantamos, porque sino, no estaríamos aquí. Al lado y a 1000 Km. Cerca, pero lejos. Porque se trata de eso: De intentarlo. Si no, ¿para qué nos juntamos? Al acceder a volver a verte supe que una oportunidad ya te estaba dando. Y esa oportunidad ha crecido. Ha crecido de tal manera que quiere apagar esa luz que parpadea.

Que es verdad que me puedes volver a hacer pedazos. Que es verdad que estas idas y venidas son causadas principalmente por mi miedo, porque no soy de hierro aunque quiera serlo. Pero eso es tan verdad como que te quiero y quiero consumirme a tu lado. Y aunque me la juegue sé que uno no apuesta si no tiene buenas cartas. Sino, solo será retardar lo que vendrá.



Y de todas maneras, creo que estás aquí por algo. Trato de descifrar todavía si estás seguro de quedarte. De quedarte sabiendo que habrá días en los que esté insoportable. Pero sé que no se debe a un capricho del destino, como en una película tan cutre como Serendipity.

Puede que sea porque nos faltaron añadir ingredientes. Quizás menos besos y más losientos. Menos orgullo y más comprensión. Más días y menos despedidas. Puede que sea así porque no nos dijimos lo suficiente. Porque había cierto desequilibrio. No lo sé. Ahora se trata de adivinar si nos toca poner punto y final o empezar un libro nuevo, casi partiendo desde cero, ya que cualquiera sabe que somos unos novatos en esto de amar y darse por completo. Quiero aprender más, y poder emprender de nuevo la aventura de:


Platos desconocidos,
Cines extravagantes,
Discusiones sin sentido,
Mc Donalds en una dieta rígida,
El roce de tus pies con los míos,
Ideas para abrir la mente,
Sonrisas para enternecer,
Miradas para hipnotizar,
Palabras para enamorar,
Cervezas para desconectar,
Mantas para descansar,
Fotografías en cualquier lugar,
Silencios llenos de comodidad,
Días y mañanas,
Tardes y noches,
Sueños y pesadillas,
Dudas y certezas,
Proyectos y ambiciones,
Preocupaciones y alegrías,
Tristezas y agonías,


Básicamente,
Compartir mi vida.

miércoles, 20 de mayo de 2015

| LUCHA |

Ayer se fue. Cogió sus cosas y se puso a navegar. 
Una camisa, un pantalón vaquero y nada más. 

Nada más.

Se fue porque ya hacía tiempo que todo traspasaba sus límites o lo que creía que era su capacidad. Yo siempre aposté en que aguantaría más. Pero así, como una brisa caliente de otoño que llega de manera improvisada, se fue. Y se fue cansado. Como cuando estás harto de escuchar la misma canción. Ni siquiera trató de cambiar la melodía. Os digo yo que el esfuerzo nunca fue considerado como una opción.

Siempre le gustaron las cosas hechas, bien masticadas y rematadas. Pero nunca creí que pensase eso de nuestra relación. Creo que alguna vez luchó. ¡Tonta de mí si no lo vi! Porque hubo baches, curvas prominentes, lluvia y truenos en un camino que muchas veces se hizo resbaladizo. ¿O es que él se lo saltó? ¿Encontró quizás la manera de evadirlo o fui yo la que se lo allanó?

Una carga pesada siempre da a la larga malestares de espalda y yo no os sabría decir si mis dolores guardan su nombre. “El amor es ciego”, me dijeron una vez, más no creo que esto sea así pues la que perdió la vista fui yo. Padezco una enfermedad incurable desde que le regalé un afirmativo: “Sí., quedaré contigo”.

Un chico radiante. Con muchos planes. Con ganas de arrasar el mundo pero con poca energía para empezar. Metas sin pequeños propósitos, un coche sin gasolina. Bonito e inútil. Que con 15 años tienes ilusiones pero el paso del tiempo te va regalando realidades. Y las ilusiones deben adaptarse dejando un pequeño hueco para lo hipotéticamente imposible. Él hizo mal los cálculos. 



Se marchó y me dejó. Sola en la estacada y ni dignidad tuvo para preguntarme si tenía una personalidad doble para casos de rescate. Y si lo dio por hecho, ¿por qué sale corriendo? Quizás una Juana de Arco le daba demasiado miedo.

Yo solo sé que las canciones llevan de la mano recuerdos y que, si la has bailado unas cuantas veces, debes recordar qué te empujó a dar el primer movimiento. Y que, si te cansas, te compres un chip nuevo porque eres tú el que falla, puede que los años te vayan pesando. ¿Pero no cogiste la fuerza necesaria en los entrenamientos? La canción será la misma y permanecerá inmutable con el paso del tiempo, aunque suene desde un tocadiscos viejo. 

Yo solo sé que ya no se termina lo que se empieza. Que las razones cambian pero siempre ganan las de poco peso, las que van gobernadas por apetitos del momento. Que no sé si esto se debe a que la gente dejó de estrujar la mente en juegos como el ajedrez o el Hundir la flota. Porque si no, no entiendo como no se trata de encontrar una solución. Tejer una estrategia para no darte por vencido.

Solo sé que si el remedio desaparece de los diccionarios, todos nos acabaremos yendo. Huyendo de lo que nos da miedo y disgusta. Huyendo de lo que nos cuesta y nos ata. Huyendo porque no hacemos memoria de las razones que nos movieron y ya puede cambiar mucho una persona para que no haya ni una por la que quedarse. Ninguna causa está perdida si hay un loco luchando por ella.



viernes, 20 de febrero de 2015

| M A S Q U E R A D E |

Allí se perdieron, en medio de la nada. Sin tener un atisbo de lógica que los guiase hasta el refugio más cercano. Sin ponerse de acuerdo en qué dirección era mejor continuar. Allí se iban a quedar, hundidos en aquella manta de nieve que arropaba suavemente a la montaña. Se iban a quedar si no recordaban cuál era la vía de escape más auténtica: su amistad.

Poco a poco, las máscaras que ocultaban identidades iban cayendo. Las situaciones que la vida nos presentaba eran las causantes de ello. Y aunque al principio todos nos sentíamos incómodos temiendo ser rechazados, sabíamos que eso era lo único que permitiría ir reforzando los lazos.

Costaba entender que tenías que jugar con las únicas cartas que te habían tocado. Te gustasen o no, había que aceptarlas. O incluso más que eso: quererlas. Tratar que, de alguna manera, esa "carga" fuese ligera. Todavía quedaba un largo camino por recorrer y seguramente no lo haríamos en solitario.




| Hay quien cree que no es nada la confianza en uno mismo | La leyenda del indomable, 1967 |

Quizás lo que más me costó a mí fue esta última parte, pues mi relación con los demás solía ser buena. Apenas había gente que no me gustase y, si lo hacían, solían estar nublados por una dosis de perjuicios que fácilmente se disipaban una vez que empezaba a conocerlos.

Era yo, esa enorme piedra en medio de la arena con la que tropiezas. Era yo, esa hora del día con la que no tienes nada que hacer. Era yo, esa cerveza que no está del todo fría. Era yo o cómo me veía. ¿Y cómo iban a quererme los demás si yo misma no lo hacía?

Sabía que el amor propio no era un condicionante para que otros me quisieran. Pero era consciente de que cuanto más me aceptase, cuanto más me quisiese, más lo haría el resto. Podrían conocerme con más naturalidad, más transparencia y con una confianza en mí misma digna de admirar.



Incluso si miraba hacia atrás, podía ver que la madurez que había ido adquiriendo también aportaba solidez a mis relaciones. En mi infancia, mi mente dispersa había seleccionado las amistades por diversión pero, al ir creciendo y al ir conociendo el laberinto de la vida, ese requisito había pasado a un tercer plano dejando como protagonistas a la sinceridad y al respeto.

Lo mío no fue una aceptación milagrosa. No me levante un día por la mañana y vi la luz, no. La verdad es que la veía todos los días colándose por mi ventana. Pero lo que sí es cierto es que cada nuevo despertar me ayudaba a ver que quererme iba a ser la mejor apuesta para vivir feliz, tratar de ser mejor cada día y que los que estaban a mi alrededor iban  a estar ahí fallase o acertase.

lunes, 2 de febrero de 2015

| e l r i e s g o d e v i v i r |

||► Supe que a veces, tal vez, hay que dejarse la piel - Lagarto Amarillo

Decidimos dejarlo todo atrás. Atrás y arriesgar. Con las manos vacías pero cargadas de avaricia. Malditos inconformistas. Queriendo atrapar lo que no podíamos alcanzar. Nuestro orgullo se encargaba de hacernos ver que aquel no era un plan tan loco. Darle la espalda al mundo con sus censuras. Quizás traspasábamos la línea que marcaba lo políticamente correcto. 

Lo peor había sido la decisión, porque luego las cosas fueron saliendo una detrás de la otra. Sin dejar un hueco para una queja o suspiro. Había que apechugar. Ya no se trataba de que pudiésemos volver sobre nuestros pasos, sino que ya no teníamos nada que pudiese cambiarlo, pues lo habíamos dado todo. 

Todo. Con esa palabra había conocido yo el riesgo. Todo por lo que había sudado, todo lo que habíamos construido. Pero aunque puede que lo que habíamos tenido fuese lo justo y necesario, no nos llegaba. Algo nos pedía a gritos que nos lanzáramos. De cabeza o de espaldas. Salir de esa conformidad que nos hacía quedarnos sentados en el sofá. Escapar de ese día a día que había nublado el color de los sabores.

No es que rechazásemos una rutina. Apartábamos esa rutina que nos consumía. Lenta e ingratamente. Una rutina sin pasión, sin vida. Proyectos en los que nos habíamos volcado estaban ahora en la basura. Pero allí va todo lo que no tiene valor, ¿no? Trabajos mecánicos. Robots sin corazón. La decisión llegó cuando vimos que afectaba a la relación de los dos.




| Dos hombres y un destino, 1969 |

Los buenos días se habían quedado evaporados en el aire. Las sonrisas en el congelador. Las fotografías ni siquiera eran un mero recuerdo del pasado, pues parecían presentar una vida ajena a la nuestra. Y los momentos huecos se llenaron con horas de televisión que solo robaban conversación.

Nunca nos perdimos el respeto. Demos gracias a Dios que no. Pero una tarde con aroma a té y a café recién hecho nos despertó. Nuestras miradas se envolvieron en el calor de un sentimiento que se marchitaba por momentos. Ahí tuvimos que pasar a la acción.

Ahora miro atrás y no me arrepiento, aunque no sepa adónde vamos a llegar o si nos quedaremos a medio camino. Porque aunque no sepa lo que voy a tener, sé lo que tengo y sé que vale el mayor de los esfuerzos puesto que está mi felicidad en ello. Y le miro a él de vez en cuando de reojo y sé que piensa lo mismo. Estamos satisfechos, cargados de energía. Sin lamentarnos de lo que pudo haber sido, sin echar de menos aquello que nunca tuvimos.

martes, 20 de enero de 2015

| HAGAMOS FUEGOS ARTIFICIALES |

Silencio.  El silencio de la noche en el negro. Mientras nosotros esperábamos bajo esa capota de cielo a que empezase el concierto. Y realmente no necesitábamos de nada más para que estallasen los fuegos. Teníamos todo lo que se precisaba. No obstante, primero había que asegurarse de que nos encontrábamos en un ambiente desierto. 

La mecha ya fue encendida hace tiempo. La llama se fue consumiendo con el ritmo del viento. Siempre de manera silenciosa, en un segundo plano, sin hacernos caso. Mientras nosotros no nos enterábamos, al mismo tiempo que una fuerza se estaba creando. Una fuerza que provocaba chispazos. 





| Atrapa a un ladrón, 1955 | Cary Grant & Grace Kelly |

Pum. Pum. Pum. 

Hagamos fuegos artificiales.

Yo no buscaba a alguien que encajase en una plantilla. Es verdad que había cosas que prefería, pero solo podía recordar aquellas historias de mi abuelo que me enternecían. No soñaba con encontrar a mi media mitad ni a mi polo opuesto. Quería a alguien que encendiese toda la luz que llevaba dentro. Que agotase mi energía por completo.

Por eso no buscaba prototipos. Tampoco seguía un patrón físico (bueno, quizás si un poco), pero tenía claro que no quería un robot que asintiese a todos mis caprichos ni a otro que no consintiese alguno. Necesitaba un destello, necesitaba vida.

Alguien que estuviese siempre ahí por muy lejos que estuviese. Alguien que creyese que era la persona más perfecta dentro de la imperfección. Alguien que buscase siempre la manera de encontrarme, por mucho que yo quisiese esconderme. Necesitaba a uno que me diese su cuerpo entero, con su alma encerrada dentro. 

Pero la vida me llevaba, aparentemente sin criterio alguno, de aquí para allá. Sin preguntarme dónde quería yo estar. Y, de vez en cuando, mi soberbia me hacía creer que lo era capaz de entender. Ni los tachados días del calendario eran capaces de darme pista alguna.

Así que, después de estar mucho tiempo con los brazos cruzados, entendí que debía relajarme y respirar. Tratando de ser ese alguien para otra persona a la que pudiese completar. Siendo resistente contra viento y marea. Siendo dura y firme por dentro y por fuera. Como la otra piedra necesaria para encender la mecha. Una mecha que comienza con un suave centelleo y que explota en una lluvia de color.

Pum. Pum. Pum.

Hagamos fuegos artificiales.







| Porque el amor cuando no muere, mata. Porque amores que matan nunca mueren | Sabina |


lunes, 10 de noviembre de 2014

QUIERO ESTAR AHÍ.

Quiero estar ahí. Cuando te levantes y vayas a revolverte el pelo. Cuando te bebas corriendo un café porque no llegas a tiempo. Quiero estar ahí, cuando vuelvas de nuevo. Esperarte en el sofá bajo esa manta llena de agujeros que tantas horas le ha quitado al tiempo.

Quiero estar ahí, cuando te falte el aliento. Ser esa roca sobre la que te apoyes cuando te encuentres en un ambiente tenso. Quiero estar ahí, cuando sientas que no puedes más, que quieres dejarlo todo y ponerte a gritar. Que mis besos sean ese bozal suave que te transporte a otro lugar.

Quiero estar ahí, cuando llegue tu calma. Cuando creas que eres capaz de construir mil castillos de arena. Cuando te creas que jamás nadie ha tenido esa idea. Quiero estar ahí para escuchar your beating heart mientras media sonrisa ilumina tu cara. Quiero verlo. 



Quiero estar ahí, respirándote. En cada esquina, en mi rutina. Quiero despertarme y verte ahí, rodeándome el cuello. Beber de tus palabras, vivir de tus miradas. Solo esperar tus llamadas. Ser tu única admirada. Quiero estar ahí, en mitad de la noche, observándote sin que te enteres preguntándome porqué tuve tanta suerte de que escogieses quedarte. Sonreír y acurrucarme junto a tu cuerpo mientras me voy durmiendo.

Quiero estar ahí, perdiéndome entre tus camisas, perfumándome solo con tu risa. Quiero bailar contigo al ritmo de las olas mientras nos salpican los astros desde el cielo. Quiero brindar contigo por todos esos buenos momentos y los que vendrán, por todo lo que tendremos que superar. Quiero ser ese pulmón que te ayude a respirar. Quiero ponerme a jugar contigo a degustar. Nuevos platos, nuevos bares, degustar nuevas sensaciones y emociones. 

Quiero estar ahí, cuando las arrugas vayan marcando tu cara. Cuando temblemos por lo que nos traerá el mañana. Y aunque puede que a veces desees que me comience a evaporar y no entiendas porqué te quisiste quedar, quiero estar ahí, siendo parte de ti. 



martes, 21 de octubre de 2014

| E U P H O R I A |

Esos ojos transparentes me volvieron a atravesar el alma. Un escalofrío me recorrió el cuerpo de arriba abajo haciendo que temblara. Busqué los bolsillos del pantalón sin bajar la mirada. Me intimidaba, pero no quería perder su mirada ni una sola vez. Ni una sola vez más.

Ya había pasado mucho tiempo sin verla. 

Aunque supiera que ahora todo estaba bien, no podía evitar ponerme nervioso. No quería decir ni una sola palabra o hacer ningún gesto. Ni siquiera mover un solo músculo de la cara. Solo pensar que podía volver a cagarla... ¿Pero por qué tenía que ser tan duro conmigo mismo? No necesitaba más que mirarla a ella, firme como una roca. Tan convencida de sí misma y de mí... De nosotros. Con esos ojos de hielo que me abrían sus días desprendiendo calor. Un calor que solo yo conocía y que hacía que la sangre me hirviese por dentro acelerando mi ritmo cardíaco.



Lo había imaginado tantas veces... Pero ahora era bien distinto a todas aquellas ilusiones. Mejor dicho, insuperable. Lo que llenaba de magia a este momento es que era | R  E  A  L |.

Estaba sucediendo.

Solo el hecho de pensarlo me hacía sentir que iba a explotar. Explotar a reír o a llorar. ¡Qué sé yo! Una de estas emociones que no te caben en el pecho. De esas en las que necesitas salir a gritar al espacio estelar porque el mundo te resulta demasiado pequeño. Cuántas noches había pasado dando vueltas en la cama, cuántas películas había visto soñando ser su almohada, cuántas cosas había querido contarle, cuántas más consultarle... Ella acababa de poner punto y final a todo aquello, como descorchando una botella de champán con ese sonido seco y hueco que marca el inicio de lo que va a empezar.

Ahí estaba ocurriendo. Uno de los momentos más importantes de mi vida y el mundo no se detenía a verlo. Y eso que me daba la sensación de que era imposible que mi euforia pasase desapercibida. Los motores de los coches seguían rugiendo, el viento sacudía nuestro pelo avisándonos de que no se paraba el tiempo. Unos iban de un lado al otro y a mí me costaba entender como es que no se paraban a ver lo nuestro: Dos personas, en medio del parque, entregándose con una mirada infinita. Una mirada que dejaba al margen las palabras. Una mirada cargada de emociones y sensaciones. Si alguien hubiese estado pendiente  de ella, habría podido fotografiarla retratando así el amor a la perfección. Y, aunque siguiese sorprendido al ver cómo lo que era tan importante para mí no lo era para otros, no me importó. Tenía justo delante lo único en lo que tenía que preocuparme pues era la garantía de mi más plena felicidad.



+Me produces contracciones ventriculares prematuras.
-¿Se supone que eso es bueno?
+Haces que se me acelere el corazón.
Sin compromiso, 2011




viernes, 19 de septiembre de 2014

| EN LA COSTA DE DONOSTIA |

Las aguas más turquesas se volvieron negras. 
El oscuro gris del cielo parecía que amenazaba la más cruel de las tormentas. 
Y mientras tú y yo mirándonos impasibles ante cualquier situación atmosférica.

Las gotas frías de la lluvia comenzaron a mojar nuestros hombros descubiertos. Levanté la mirada aterrorizada ante la cantidad de gaviotas que sobrevolaban la playa. Al tiempo, me agarraste del brazo con fuerza intentándome transmitir tu calma.


No había palabras. No eran necesarias.




|| Y la playa llora y llora | Turnedo, Iván Ferreiro |

La brisa con olor a algas nos sumía en un mundo paralelo en el que tú y yo nos fundíamos en una sola mirada. Envueltos en toallas, con los pies hundidos en la arena, buscando el calor que no encontrábamos. Todo se había enfriado. Algunos nos dirían que es por la estación, esa vuelta a la rutina que se aleja de los divertidos planes del verano. Y puede que tuviesen razón. Habíamos estado tan preocupados por mantener el tiempo ocupado y sentir nuevas sensaciones, que nunca nos habíamos conformado con estar sentados en un banco mirando pasar el tiempo o dar mil vueltas a la misma manzana perdiéndonos en nuestras palabras...


Ahora se notaba.


El cielo lloraba y yo, sumergida en tu color marrón avellana, recordaba los buenos momentos que habíamos disfrutado, pero no podía evitar que un punzón de amargura matase esa emoción al saber lo que estaba a punto de acontecer. Ninguno queríamos aceptarlo, pero así debía ser. ¿Por qué prolongar algo que tarde o temprano va a suceder?

sábado, 5 de abril de 2014

DRUNK IN LOVE

Me dijeron que mi primer amor fue aquel chico de infantil que se comió una margarita por mí. Me dijeron que como mucho podía ser el primer chico al que besé. Me dijeron tantas cosas y yo, incrédula de mí, me las creí todas. Todas hasta que mi propia experiencia comenzó a dar baches, en ese liso y recto camino que habían despejado para mí. 

Si no hubiese llegado a conocerle, jamás lo habría descubierto. El resto de los hombres que habían desfilado por mi vida apenas habían aportado nada, quizás unas efímeras sonrisas o una pasajera emoción. Pero él... él... solo pensar en él me embotaba la cabeza. Diría que en esos momentos (como ahora) mi corazón dejaba de latir, pero el simple hecho de seguir respirando me decía que era imposible.

Os preguntareis entonces qué hacía que él fuese mi primer amor. Pues bien, os puedo decir que no era el más guapo, aunque sí el que tenía las imperfecciones más hermosas. Os puedo decir que no era el que mejor besaba, aunque sí el que me acercaba con más cuidado. Os puedo decir que no era el más gracioso, aunque sus tonterías eran las que más me hacían reír. Os puedo decir tantas cosas como me dijeron a mí y aunque todas ellas sean reales y sinceras, os tengo que decir que lo que hizo que fuese él mi primer amor fue su incansable lucha por mi felicidad. 

domingo, 16 de marzo de 2014

SEIS DÍAS NO HACEN UNA SEMANA

Seis días no hacen una semana, al igual que una mera atracción física no conlleva a que haya amor entre dos personas. Así en un primer momento lo creyeron Corie y Paul Bratter (interpretados por Jane Fonda y Robert Redford respectivamente) en Descalzos por el parque. De primeras sí que es el ingrediente principal, pues el bizcocho no sube sin levadura y el motor para poner en marcha una relación, queramos o no, es la atracción. Porque señores, para algo tenemos ojos en la cara. Luego ya vendrá lo que tenga que venir. 


Se suele decir que los polos opuestos se atraen o que tienes que encontrar a tu media naranja (esa persona que es igual a ti), vamos, lo que le conviene a cada uno. Igual están las crisis de los tres meses, la de los siete años o la de los cincuenta. Está claro que cada uno va creando mitos conforme a lo que le va sucediendo y eso no está mal, pero sí cuando creemos que la historia de los demás nos va a ocurrir mientras que olvidamos el pequeño factor de que todos somos diferentes. Sí, parecidos y en condiciones semejantes, pero diferentes. En el caso de Corie y Paul, tienen personalidades muy distintas: la alocada y el "poste", la activa y el que mira... y es que cuando ellos se dan cuenta de esta realidad piensan que la única solución es el divorcio puesto que Corie sería incapaz de estar borracha sin que se le notase y Paul nunca podrá andar descalzo por el parque. 

No obstante, ellos nos demuestran que no es así, que no se trata de irse a ningún extremo y de que se están equivocando al superponer sus diferencias al amor que se tienen. Que para que una relación funcione hay que pensar siempre en el otro, querer hacerle feliz y que se sienta importante, porque al menos para tí, sí que lo es. 

 * Descalzos por el parque (1967). Vestuario: Edith Head

lunes, 17 de febrero de 2014

-LOVERS-

La verdad es que no pensaba escribir nada sobre el día de San Valentín. Quizás porque siempre me ha parecido que es un día puramente comercial. Pero es que después de leer la entrada de El Cajón de Gatsby, no me he podido contener. Debe ser que ahora, esta fecha tiene realmente un significado para mí

Es verdad que el objetivo de muchos en San Valentín es superfluo, pero vamos, como casi todo hoy en día. Se trata de darle la vuelta a la moneda y ver que hay otra cara que solo la puedes descubrir con un cambio en tu actitud. 

Es cierto que las palabras se las lleva el viento, que las flores se marchitan y que los bombones se derriten. Pero es por eso que gran parte de su valor reside en su caducidad. Puedes leer y releer en una carta un "te quiero", pero está claro que no sonará con la voz de su remitente, ni estará acompañado por su sincera mirada... Puedes secar unas rosas para conservar el recuerdo, pero perderán su aroma, su color rojo intenso... Puedes congelar unos bombones, pero terminarán perdiendo su cremosidad... De ahí, la emoción que se siente al recibir cualquiera de estos regalos.

 Por otro lado, es verdad que velas y corazones no van a borrar de un día para otro las cosas que se han hecho, las faltas de cariño, las meteduras de pata... pero al ser un día especialmente dedicado a los amantes, estos pueden planteárselo como un lunes para empezar una dieta o cualquier cosa similar. Lo mismo pasa con el día de Fin de Año: es cierto que por mucho que cambie el calendario no vas a cumplir de repente todas tus metas ni serás esa superpersona que siempre has deseado ser. Pero lo importante está en que ese día es un buen momento para reflexionar todo lo que has dejado atrás, lo que no has aprovechado... Pensar en lo que te ha hecho caer y en las fronteras que debes derrumbar para poder ser mejor y más feliz. 

¿Y por qué el día de los enamorados no iba a poder ser un día semejante? En ese día, es bueno que te replantees porqué estás junto a esa persona que está en el otro lado de la mesa, que recuerdes qué fue lo que te atrajo de ella, que aceptes todos sus defectos y que adores todas sus virtudes. Que la quieras. Que te pongas nuevos objetivos para con ella y para que vuestra relación sea más fuerte. Porque sin duda está claro que nuestra generación es la de los vagos. La de que si algo se estropea, se deja y no se arregla. Porque tendemos a buscar nuestro confort y felicidad antes que el de los demás y así, nada nunca funcionará. Y porque tendemos a infravalorarnos y así también a la persona que tenemos al lado, sin poner fe en ella y sin creer que la felicidad no se alcanza sin aceptar el sufrimiento.


sábado, 23 de noviembre de 2013

EL HOMBRE PERFECTO EXISTE

Y es que mucha gente no lo cree, pero es que el hombre perfecto existe en la imaginación de muchas mujeres. Y en realidad no es malo que exista, pues cada uno tiene sus objetivos en cuanto a muchas cosas y ¡por qué no en cuanto al amor! Es importante que partamos de algunas bases, de unos mínimos... pues luego es bastante fácil que un mono de feria nos enamore y luego sí que es realmente complicado salir de ahí cuando hay por en medio más sentimientos... No obstante, es también esencial que estas bases sean exigentes y, al mismo tiempo, realistas. Deben ser barreras imposibles de saltar pero fáciles de moldear, esto es, flexibles. Esto debe hacerse así porque es muy raro que encontremos al hombre que se adecúe a la perfección a nuestras preferencias pero, al mismo tiempo, siempre hay ciertas reglas que no nos debemos saltar puesto que sino las garantías de la felicidad se verán reducidas y puede que extinguidas con el paso del tiempo. Veamos pues ejemplos concretos de los requisitos que espera una mujer en un hombre. Normalmente las mujeres deseamos un hombre que:


1. Nos haga reír
A todo el mundo le gusta reír y, por eso, en el patrón de los hombres también figura esta condición. Pero debemos recordar que lo que es gracioso para unos, no lo es tanto para otros, y de que hay muchos tipos de humor. Es importante que te haga feliz y la felicidad, aunque se asocie con la risa, no tiene el mismo grado de importancia por lo que a su lado, la risa queda como algo secundario en un segundo plano. La risa está muy bien, pero no debemos apartar al hombre de nuestra vida porque sea un hombre serio o seco (por irme hasta el extremo) pues a fin de cuentas, nos dará una felicidad plena.
2. Que sea inteligente
Y es que también puede que nuestro príncipe azul o como querais llamarlo sea tonto de remate. Pero, ¿qué más da si te ama con locura? ¿Qué más cuando ha tomado la decisión más inteligente al escogerte? Aunque a la RAE le parezca que los conceptos de "tonto" y"estúpido" andan muy cerca, para mí, asociándo su significado al uso común, el tonto es distinto del estúpido, pues mientras que el primero es "escaso de entendimiento o razón", el segundo es el "falto de inteligencia".

3. Que nos considere como su primera prioridad
Porque al principio todo es muy bonito y porque las palabras muchas veces se alejan demasiado de la realidad. Por eso debemos estar seguras de que somos la prioridad primordial para nuestra pareja. No hace falta darse cuenta de esto en una situación extrema (aunque muchas veces desgraciadamente es la única solución para verlo), sino que esas cosas se pueden ver en el día a día. Cuando antepone tus apentencias a las tuyas, cuando cancela algún plan por tí, etc.

4. Que nos comprenda sentimentalmente
Comprender y entender he dicho, y no que sienta de la misma manera, porque eso es imposible. A cada uno nos afectan las cosas de una manera u otra, y mucho más cuando no somos del mismo sexo. La otra persona está para apoyarte y darte consuelo, para animarte y recordarte lo especial que eres y porqué te mereces lo mejor. Son en los momentos en los que tiene que saber que no es el mejor momento para hacer una broma ni ir un poco más a su aire. Porque le necesitas y para eso está también ahí, no solo en los buenos momentos.

5. Que sea más alto que nosotras
6. Por supuesto, que sea muy muy guapo
Considero que estas dos quedan ya explicadas con el 1 y 2.

7. Que sea fiel y leal
Porque por mucho que en un primer momento nos guste ser independientes, nos gusta también poder contar con alguien pase lo que pase. Nos gusta estar seguros de que esa persona no se irá a ninguna parte por mucho que empeoren las cosas. Y esa seguridad varía mucho en cada pareja, pues va de la mano de la confianza que haya en esta. Porque el hombre para ser feliz necesita sentirse seguro en su ambiente y con las personas que le rodean. Porque, a fin de cuentas, no podemos evitar que la vida es una continua monotonía ya que todos los días comenzarán con el sol saliendo por el oeste. Y porque está en nuestra mano aceptar o evitar esta realidad y poder decidir si queremos compartir nuestra rutina con otra persona.

jueves, 24 de octubre de 2013

EL AMOR ENTRE COSTURAS

Me apetece hablar de amor, sí. Y no porque sea una romántica empedernida, que también, sino porque últimamente lo echo bastante en falta en nuestra sociedad. El otro día vi el estreno de "El Tiempo entre Costuras", una serie cuyo argumento gira entorno al amor. En este primer capítulo, vemos cómo una joven desea ser amada y es así que está con un hombre que le adora hasta el punto de prometerse con él. No obstante, ella rompe su compromiso al conocer a otro que despierta su pasión. Al principio todo son miradas, tonteos, sonrisas seductoras, caricias... de esta manera, la relación se basa en el físico y en la atracción. Es así, que pasado un tiempo, éste la abandona dejándola embarazada. 

La mayor parte de las relaciones de hoy en día se basan en eso, en el propio placer y no sólo desde el punto de vista sexual, sino también del ordinario. Somos una sociedad muy cómoda que busca todo el rato el bienestar individual y cuanto menos requiera esfuerzo, mejor. Pero se nos olvida que cuando hablamos de amor, hablamos de sacrificio. Pues amar es buscar la felicidad y el bienestar del otro antes que el propio. 

1. El amor, para que sea auténtico, debe costarnos. Santa Teresa de Calcuta.
2. Ten en cuenta que el gran amor y los grandes logros requieren grandes riesgos. Dalai Lama.
3. La paradoja del amor es ser uno mismo sin dejar de ser dos. Erich Fromm. 
4. El amor es el olvido del yo. Henry Frédéric Amiel.
5. El amor es la pasión por la dicha del otro. Cyrano de Bergerac.
6. El amor y la fe en las obras se ve. De Sismondi.
7. Solo desea la felicidad de la persona amada sin exigirle en pago nuestra propia felicidad. Anónimo.
8. La medida del amor es amar sin medida. San Agustín.
9. El amor verdadero empieza cuando no se espera nada a cambio. Antoine De Saint-Exupéry.
10. Cuanto más se entrega, tanto más es feliz. Santa María Faustina Kowalska.


martes, 1 de octubre de 2013

DETALLES

Había echado en falta tantos detalles, tantos gestos de cariño que, aunque le seguía queriendo, ahora estaba más fría. Fue esa horrible sensación de querer dar, amar, y no poder, puesto que la otra persona no estaba abierta a ello. Y lo peor de todo era que se había dado cuenta de esta falta de todo cuando él decidió poner fin a su relación y no antes, cuando quizás tuvo la oportunidad de llamarle la atención.

Y ahora él quería volver a estar juntos y demostrarle lo que nunca fue: alguien dispuesto a darlo y a dejarlo todo, solo por ella. Alguien cuya primera prioridad tuviese su nombre. Ahora se encontraba en una situación muy difícil. Él, que no paraba de decirle y darle cosas bonitas, mientras que ella estaba rota por dentro. En realidad era una romántica y todas esas cosas le perdían, pero sabía que esta vez tenía que tener la cabeza bien fría y serena. No dejarse llevar por una carta o una rosa fresca. Le agobiaba el hecho de no saber qué decisión tomar todavía, pero le relajaba pensar que el tiempo se lo diría y que ella estaba segura de lo que quería en la vida.