sábado, 6 de septiembre de 2014

CRUZANDO EL TÁMESIS

Sentía que estaba yendo a una primera cita. Patética sensación después de llevar tres años casados. Aunque en cierto sentido podría decirse que apenas le conocía, al menos no se parecía al hombre que le había enamorado. Ese fuego en su mirada por hacerle suya, esa sonrisa loca que solo ella entendía, esas caricias en la espalda cuando más lo necesitaba... Todo eso brillaba ahora por su ausencia. Solo pensar en ese momento, cuando horas antes le había propuesto seriamente ir a cenar juntos... Le daban escalofríos solo recordarlo. Él, con una sonrisa estúpida que no sabía a que idiota podía haber comprado, con esa incredulidad y sorpresa en sus ojos... Había tenido que contenerse para no darlo todo por perdido. 








+Te quiero Adam, Alex, Peter, Brian, cualquiera que sea tu nombre, te quiero. (Charada, 1963)

Parecía que si ella no decía nada, todo seguiría de lo más normal... Él, claro, lo tenía fácil, pues lo único que le ataba a la casa era la cama, pero no precisamente para hacer otra cosa además de dormir. Como diría su madre: "¿Te crees que esto es una pensión, o qué?". Echaba de menos sus consejos ahora, pero ya hacía un año que se había ido y tenía que contentarse con su propio reflejo en el espejo. Por muchas vueltas que le diese no llegaba a estar completamente segura de ninguna solución y entonces luego llegaba la fatídica pregunta de porqué la vida no vendrá con manual. Una pregunta que, a pesar de hacerse muy a menudo, sabía perfectamente cuál era la respuesta.

Y allí estaba ahora, caminando en medio de la noche. El sonido seco de sus tacones le recordaba que estaba sola. Su largo vestido negro se movía con el andar de sus caderas acompañado por la suave brisa que llegaba del río. Notaba cómo las piernas le temblaban aunque no precisamente por el frío, seguramente porque todavía no se había decidido en cómo empezar. Poco a poco, se iba acercando al embarcadero lleno de luces donde una silueta recortada en la sombra aguardaba...


martes, 2 de septiembre de 2014

AL RITMO DE LOS TAMBORES

Me sentía un espectador. Y eso que había ido a disfrutar de aquella fiesta. Pero tenía uno de esos días en los que te sientes demasiado contemplativo como para contentarte con una cosa tan superficial y pasajera. No por el hecho en sí de ser una fiesta, para nada. Que sepáis que a mi las fiestas me encantan. Si hay que celebrar algo, se celebra. Y por todo lo alto. Nada de volver a medianoche o a las tres de la mañana. Hasta que salga el sol. Se sale como Dios manda. Además, no hay mejor manera de celebrar las cosas importantes que con una fiesta. Pero vaya, lo que os decía, lo que no me permitía encajar aquella noche era saber que para muchos la fiesta iba a acabar en una cama o en una nube llamada resaca. 

Sin embargo, yo seguía. Calle abajo, sin destino. La masa me empujaba. La música nos guiaba. Si había que bailar, se bailaba. Si había que gritar, se gritaba. Yo me divertía, ¡cómo no! Pitidos. Barro. Tizas de colores. ¡Hasta la música era buena! Y mira que es difícil... ritmos africanos mezclados con alguna que otra canción latina. Los cuerpos se movían al ritmo de los tambores, las manos se levantaban entre la multitud, los distintos idiomas quedaron olvidados en un rincón y no existía más preocupación que la de temer ser aplastado.



Y cuando parecía que me empezaba a involucrar, tropezaba con otra cara con ojos perdidos o con algún que otro chico en coma etílico. Nada nuevo, en realidad. Puede que estuviese más sensible, más emocional... y que esa fuera la razón por la que me afectase más, yo qué se. Pero son en esos momentos, en los que te planteas todo desde otra perspectiva. Te cuesta entender cómo a todas esas personas que están en otra dimensión no les basta con compartir miradas y sonrisas ni con disfrutar esa sensación cuando la música se te inyecta en las venas y no puedes dejar de bailar al ritmo de los tambores.


martes, 19 de agosto de 2014

LO QUE NADIE ME PUEDE QUITAR

Entraste sin llamar y yo no me lo esperaba.
Me ilusioné pensando que no estaba preparada.
Y cuando parecía que todo encajaba, nos separaron las circunstancias.

No lamento entenderlo ahora. Ahora que la tormenta ha pasado. Puede que incluso si lo hubiese sabido antes todo hubiera sido diferente. Yo que sé. Tampoco me importa. Solo pienso en aquello que me ha aportado, en todo lo que me ha hecho sentir, en todo lo que me ha hecho crecer... y aunque me daba la sensación de que había un velo tupido que lo cubría, ahora lo veo sin ningún filtro. 

Todo está lleno de luz. 

Esta vez mi amigo el tiempo ha jugado en segunda fila pues apenas pasaron minutos para entenderlo. Entender porqué nos tuvimos que encontrar. Entender porqué nos tuvimos que separar. Entender porqué ahora tengo que cerrar los ojos y confiar. 

+No sé como despedirme, no encuentro palabras.
- No son necesarias.
(Vacaciones en Roma, 1953)

Fue aquel momento. Ese en el que me convertí en su propietaria. Es cierto que ahí estabas tú, imprescindible protagonista para que todo fuese así, pero una vez que salieron las palabras de tu boca, dejaron de pertenecerte. Y así, sin querer queriendo, me convertí en la dueña del efecto que producían. Todas aquellas emociones, que desfilaron una tras otra sin yo esperarlo siquiera.

Y por mucho que ahora quisieras cambiarlo, por mucho que entonces fuera una mentira... nada perturbaría aquel momento intocable. Puesto que lo que llegué a sentir permanece en ese baúl cuya llave tiré sin miedo por la borda dejando pasar por delante al destino. Así que allí se queda bajo el agua lo que nadie me puede quitar.


viernes, 8 de agosto de 2014

EL ÚLTIMO TRAGO DEL VERANO

Las mareas se han llevado los malos ratos, ahora solo queda el último trago. El último trago del verano que sabe tan dulce como amargo. 

Los bronceados son el reflejo del descanso. Las latas compartidas de Coca-Cola, de los momentos de alegría. El número de pulseras de colores, de las noches insensatas. Las suelas gastadas de las chanclas, de las caminatas sin destino. Y el número de bocadillos del chiringuito, de los planes imprevistos.



Hay que disfrutar ahora de las mañanas sin despertador porque en la agenda no queda espacio para los horarios. Disfrutar de una Estrella de Galicia en la orilla mientras te empapas de puestas de sol, todas distintas pero iguales. Disfrutar de un beso con sabor a sal mientras te hundes en la arena. Disfrutar y saborear la última gota del vaso que queda pues, poco a poco, los días se van acortando. La arena de la playa está cada vez más fría, el mar comienza a embravecerse y las despedidas están a la vuelta de la esquina.

Y es que toca repartir los premios del verano (al más moreno, al que más chapuzones se ha dado, al que más ha bebido, al que ha ganado casi todas las partidas de cartas...). Toca planear cuándo y dónde será el próximo encuentro en el que recordareis todas las historias del verano. Toca comprobar qué te falta tachar en tu lista de "Cosas por hacer". Toca también decidir si quieres que esa persona sea solo tu summer love. Toca disfrutar del último trago del verano que te servirá para coger fuerzas para el resto del año.




lunes, 7 de julio de 2014

YO VOY POR LA QUINTA VUELTA Y TÚ POR LA PRIMERA

La carrera ya había empezado. Sonó hace tiempo el disparo. No sé porqué yo lo oí primero. Aunque ahora que lo pienso, quizás lo oímos los dos al mismo tiempo. ¿Pero por qué fue entonces que te quedaste rezagado? Yo ahora voy por la quinta vuelta y tú por la primera. 

No me importaba volver atrás para tirar de ti. Lo hice unas cuantas veces. Quizás demasiadas, no lo sé, pero volvería a hacerlo si tuviese que empezar de nuevo. No obstante, aquí estamos ahora, separados de nuevo. Separados, pero esta vez no puedo dar marcha atrás, han cambiado las reglas del juego. Tus continuas caídas te han dejado débil y, aunque yo quiera, no puedo ayudarte por dentro.



Mis piernas siguen corriendo. Mis lágrimas no me dejan ver hacia donde voy pero sé que es a un lugar eterno. Mi corazón, aunque dolorido, sigue latiendo. Y mientras mil preguntas me saturan sin compasión: ¿Cuándo nos volveremos a encontrar? ¿Llegaremos juntos al Final? 

Quisiera agarrarte de la mano fuerte y no soltarte jamás. Pero eres tú el que mueve ahora si me quieres alcanzar. Te caerás de nuevo, pero no mires hacia atrás. Mantén la mirada firme en el Cielo, los pies en el suelo y sentirás que puedes volar...


miércoles, 18 de junio de 2014

EL IMPRESCINDIBLE VIAJE DEL CREATIVO

Katrina contempló el paisaje que el tren dejaba rápidamente atrás. Se preguntó cómo era posible que la última vez que había viajado al mismo lugar no vio la tierra tan roja o los campos tan dorados. Empezó a imaginar cómo podía combinar aquellos colores que de una forma tan salvaje se unían, algo realmente complicado pues solo se le perdona a la naturaleza sus atrevidas composiciones.

Pronto, los tipos de telas, los patrones de los diseños y las gamas cromáticas dejaron de interesarle. Había dado con la clave para dar rienda suelta a su imaginación. Quizás muchos ya lo habían dicho pero muchas veces no crees algo hasta experimentarlo. Viajar, viajar, viajar. No importa que repitas de destino. Siempre será diferente porque las circunstancias lo cambiarán. Puede que una tormenta haya tirado esos viejas hamacas del jardín o que hayas sufrido una desgracia que te vincule a los colores apagados. 



Es paradójico como algo que no tiene límites como la creatividad, parta de una base, de un algo que desencadene nuestra imaginación. Aunque sea un folio en blanco o un espacio en negro. De ahí empezarán a nacer nuevas inspiraciones que serán más fructíferas y originales al aumentar la experiencia en el mundo de lo desconocido. Adentrarse en distintas ciudades y luego volver a ellas después de cierto tiempo. Conocer a sus habitantes, su cultura, su comportamiento. El olor del aire que se respira, el sabor de los alimentos que se comen... Los ojos de Katrina están ahora abiertos de par en par, expectantes a todo lo que pueda pasar para que no se le vuelva a escapar ni el más pequeño detalle.


sábado, 7 de junio de 2014

GAUDEAMUS IGITUR

Me dijeron que llegaría rápido, pero no creí que fuera tanto. Ahora está aquí, ya todo ha terminado. Meses pensando en el día de la graduación que luego pasó sin apenas darme cuenta. Una fuerte mezcla de prisas y emociones. Todavía no me hago a la idea. Graduada, con un título en el bolsillo que solo los mi alrededor pueden ver. ¿Y ahora qué?

Después de vivir en un piso de estudiantes, de crear mi ritmo de vida, mi horario, mi reglas... quizás no tan distintas a las de mis padres, toca regresar de nuevo al hogar dejando otro atrás. Sí, otro. Porque por mucho que se cayera a trozos, las bombillas se fundiesen continuamente y la nevera estuviese casi siempre vacía, no se puede quedar en un simple piso. Porque por muy distintas que fuésemos, formábamos una familia con todos sus ingredientes.

No obstante, el calor del verano todavía no me deja darme cuenta de que la vida universitaria ha acabado. Quizás, el aire fresco de septiembre junto a la monotonía de la rutina, me hagan ver la realidad... Ahora es el momento de encontrar ese lugar que solo yo puedo ocupar descubriendo lo que realmente se me da bien, me hace feliz y con lo que puedo ayudar a la sociedad.